Con fecha del 31 de diciembre de 1942, el semanario 'jueves de Excélsior', con portada ilustrada por "El Chango" GarcÃa Cabral, publicó un artÃculo titulado "Los Pachucos", firmado por Jorge Mendoza Carrasco. El texto se completaba con dos fotografÃas; una de ellas mostraba a un joven ataviado a la usanza zoot suit: estrafalarios y amplÃsimos pantalones que empiezan a la altura del pecho, gruesos tirantes, una larga cadena de reloj de bolsillo atada al pantalón, un ridÃculo corbatón al igual que su sombrero de ala ancha con pluma de pavorreal...
"Esta foto dará a ustedes más o menos una idea de lo que son los 'pachucos', los 'tarzanes', que constituyen la pesadilla de la colonia mexicana de Los Angeles, California", apuntaba al pie de grabado.
Una indumentaria extrema y agresiva, al igual que su lenguaje y repudio al racismo estadounidense por parte de jovenes cuyas raÃces se encontraban del lado mexicano. A su vez encaraban una relación de amor-odio con una urbe cosmopolita de habla inglesa, cuyo léxico empezaba a influir no sólo en las zonas fronterÃzas, sino en el centro de nuestro paÃs.
"Esta foto dará a ustedes más o menos una idea de lo que son los 'pachucos', los 'tarzanes', que constituyen la pesadilla de la colonia mexicana de Los Angeles, California", apuntaba al pie de grabado.
Una indumentaria extrema y agresiva, al igual que su lenguaje y repudio al racismo estadounidense por parte de jovenes cuyas raÃces se encontraban del lado mexicano. A su vez encaraban una relación de amor-odio con una urbe cosmopolita de habla inglesa, cuyo léxico empezaba a influir no sólo en las zonas fronterÃzas, sino en el centro de nuestro paÃs.
El pochismo en expansión
En 1942 el pochismo se encontraba en plena expansión, justo un año antes de la llegada de Tin Tan a la ciudad de México para contagiar a la metrópoli con su extravagante estilo. Las calles de las poblaciónes fronterizas, del centro del paÃs y de la propia capital se veÃan rebosantes de rótulos en inglés o de influencia estadounidense.
A principios de los años 40 una fonda de Bucareli ostentaba el nombre de Nacho's, los periódicos anunciaban centros nocturnos como el WaikikÃ. El hotel Diana cambiaba su nombre por el de Waldorf, y su propietario instalaba ahà un club nocturno: el Cocoanut Grove, como el afamado cabaret de Hollywood. El good bye sustituyó al 'adiós', el camión se convirtió en troca -de truck-, y aparecieron expresiónes como 'claxon', en lugar de bocina; 'carro' -de car o automovil-, y el cotidiano 'oquey' de 'O.K.'. Por supuesto, intelectuales y defensores de la lengua española ponÃan el grito in the sky. Perdón, en el cielo.
Primero fue el cine como eficaz medio propagandÃstico; después el turismo que se intensificó a consecuencia de la guerra. A su vez, la radio con sus canciónes en iglés, asà como la doble cultura del chicano mexico-estadounidense, contribuyeron en buena medida al impacto de la cultura de Estados Unidos en el paÃs y a ese giro de modernidad que traÃa consigo una figura como Germán Valdés.
Él supo explotar con su inteligencia no sólo esa situación, sino la rebeldÃa del pachuco extraÃdo de ambientes populares y colocado en el centro mismo de metrópolis conservadoras.
A principios de los años 40 una fonda de Bucareli ostentaba el nombre de Nacho's, los periódicos anunciaban centros nocturnos como el WaikikÃ. El hotel Diana cambiaba su nombre por el de Waldorf, y su propietario instalaba ahà un club nocturno: el Cocoanut Grove, como el afamado cabaret de Hollywood. El good bye sustituyó al 'adiós', el camión se convirtió en troca -de truck-, y aparecieron expresiónes como 'claxon', en lugar de bocina; 'carro' -de car o automovil-, y el cotidiano 'oquey' de 'O.K.'. Por supuesto, intelectuales y defensores de la lengua española ponÃan el grito in the sky. Perdón, en el cielo.
Primero fue el cine como eficaz medio propagandÃstico; después el turismo que se intensificó a consecuencia de la guerra. A su vez, la radio con sus canciónes en iglés, asà como la doble cultura del chicano mexico-estadounidense, contribuyeron en buena medida al impacto de la cultura de Estados Unidos en el paÃs y a ese giro de modernidad que traÃa consigo una figura como Germán Valdés.
Él supo explotar con su inteligencia no sólo esa situación, sino la rebeldÃa del pachuco extraÃdo de ambientes populares y colocado en el centro mismo de metrópolis conservadoras.
Afirmando la identidad perdida.
Mendoza Carrasco escribÃa en su artÃculo antes citado: "¡Ahà vienen los pachucos!... Iba yo caminando hacia el final de Main Street, en Los Angeles, California, cuando escuché por primera vez la extraña palabrita: 'Pachucos'... Allà vienen los pachucos... Pero, ¿quiénes eran los pachucos?, ¿qué hacÃan y por qué la gente se referÃa a ellos con visible desagrado?... La explicación la encontrará usted en las pocas palabras siguientes: los 'pachucos' son, en Los Angeles, lo que los 'tarzanes' en la capital mexicana (...)".
Más allá de su excentricidad, la explosión del pachuquismo a princÃpios de los años 40 era, ante todo, una manera de afirmar esa identidad perdida en la frontera y en generación de abuelos y padres mexicanos que añoraban el terruño, además de partirse en lomo en un paÃs moderno y contradictorio.
Para estos "extraños y malévolo tipos... que no saben ya lo que es México y que, inclusive, han olvidado el idioma" -como también lo apunta el artÃculo de Mendoza Carrasco-, su deseo de llamar la atención no sólo obedecÃa a una barroca posición estética, sino ética y social, de jóvenes rebeldes y otros más que cruzaban lÃneas estratégicas como El Paso, Texas, rumbo a Juárez.
Por su parte, Octavio Paz, en su afamado 'Laberinto de la Soledad' describe con tino la cultura del pachuco: "Los pachucos son bandas de jóvenes, generalmente de orÃgen mexicano, que viven en las ciudades del sur y se singularizan tanto por su vestimenta como por la conducta y el lenguaje. Rebeldes instintivos, contra ellos se ha cebado más de una vez el racismo norteamericano. Pero los pachucos no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados... El pachuco no quiere volver a su orÃgen mexicano; tampoco -al menos en apariencia- desea fundirse a la vida norteamericana. Todo en él es impulso que se niega a sà mismo, nudo de contradicciónes, enigma. Y el primer enigma es su nombre mismo: pachuco, vocablo de incierta filiación, que dice nada y dice todo... Queramos o no, estos seres son mexicanos, uno de los extremos a que puede llegar el mexicano (...)"
Más allá de su excentricidad, la explosión del pachuquismo a princÃpios de los años 40 era, ante todo, una manera de afirmar esa identidad perdida en la frontera y en generación de abuelos y padres mexicanos que añoraban el terruño, además de partirse en lomo en un paÃs moderno y contradictorio.
Para estos "extraños y malévolo tipos... que no saben ya lo que es México y que, inclusive, han olvidado el idioma" -como también lo apunta el artÃculo de Mendoza Carrasco-, su deseo de llamar la atención no sólo obedecÃa a una barroca posición estética, sino ética y social, de jóvenes rebeldes y otros más que cruzaban lÃneas estratégicas como El Paso, Texas, rumbo a Juárez.
Por su parte, Octavio Paz, en su afamado 'Laberinto de la Soledad' describe con tino la cultura del pachuco: "Los pachucos son bandas de jóvenes, generalmente de orÃgen mexicano, que viven en las ciudades del sur y se singularizan tanto por su vestimenta como por la conducta y el lenguaje. Rebeldes instintivos, contra ellos se ha cebado más de una vez el racismo norteamericano. Pero los pachucos no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados... El pachuco no quiere volver a su orÃgen mexicano; tampoco -al menos en apariencia- desea fundirse a la vida norteamericana. Todo en él es impulso que se niega a sà mismo, nudo de contradicciónes, enigma. Y el primer enigma es su nombre mismo: pachuco, vocablo de incierta filiación, que dice nada y dice todo... Queramos o no, estos seres son mexicanos, uno de los extremos a que puede llegar el mexicano (...)"
Encarnación del Pachuquismo
Pachuco entre los batos más carnales, Germán Valdés 'Tin Tan' fue la encarnación misma del pachuquismo retomando no sólo la esencia misma de esos jóvenes desarraigados que reinventaban el lenguaje, adelantándose de manera inconciente a lo que hoy conocemos como "spanglish" y su vestimenta prototÃpica: el zoot suiter.
A su vez manifestaban una voluntad de modernismo cosmopolita del pachuco y su enconada rebeldÃa contra la opresión y la injusticia, pero a través de un irónico humor que Valdés supo introducir en sus situaciónes cómicas desde sus inicios en la radio en Ciudad Juárez, su paso por la carpa y el cabaret, asà como su llegada al cine. Entre ellos habÃa ácidos comentarios contra la devaluación, la corrupción, el cierre de cabarets o la explotación del indÃgena. A fines de los años 30, el comediante se topó con ese curioso sÃntoma de rebeldÃa: vestimentas estrafalarias y excesivas que se oponÃan a los ideales de sencillez y ahorro rooseveltianos. Cabello largo y peinado con abundante goma, zapatos bicolor, amplios sacos y pantalones con valencianas, a su vez, un gusto especial por el swing y el boogie-woogie que se ponÃa de moda.
El personaje asistÃa fascinado a la gestación de una moda que él exportarÃa e impondrÃa en breve en la capital del paÃs. El Topillo Tapas conocÃa bien la zona del Valle de San Gabriel y algunas de sus poblaciónes a princÃpios de los años 40. Principalmente en las inmediaciónes de Medina Court, Germán Valdés estudió a esos jóvenes renegados, incluso habló con ellos; se adaptó con entusiasmo a su estilo y lenguaje que conocÃa, además de saborear como propio en una ciudad construida a partir de violentas usurpaciónes de terrenos, sobre todo un visceral resentimiento racial y cultural.
En 1944, por ejemplo, la compañÃa Films de México realizó una serie de cortos musicales a color, dirigidos por AgustÃn P. Delgado, quien en breve se convertirÃa en el cineasta de cabecera de Cantinflas. Las coreografÃas y vestuario eran del 'panzón' Sergio Orta, y la música de Eliseo Grenet. Para entonces la influencia de Germán Valdés y su estilo pachuco eran evidentes en estos cortos.
En efecto, la figura del cómico en su papel de Tin Tan se convirtió en la imágen del pachuco por exelencia, a pesar de los ataques y crÃticas directas o subliminales como aquella frase que Cantinflas escribe afuera de su peluquerÃa en Si yo fuera diputado (1951): "Para pachucos no hay servisio (sic) porque me caen gordos."
A su vez manifestaban una voluntad de modernismo cosmopolita del pachuco y su enconada rebeldÃa contra la opresión y la injusticia, pero a través de un irónico humor que Valdés supo introducir en sus situaciónes cómicas desde sus inicios en la radio en Ciudad Juárez, su paso por la carpa y el cabaret, asà como su llegada al cine. Entre ellos habÃa ácidos comentarios contra la devaluación, la corrupción, el cierre de cabarets o la explotación del indÃgena. A fines de los años 30, el comediante se topó con ese curioso sÃntoma de rebeldÃa: vestimentas estrafalarias y excesivas que se oponÃan a los ideales de sencillez y ahorro rooseveltianos. Cabello largo y peinado con abundante goma, zapatos bicolor, amplios sacos y pantalones con valencianas, a su vez, un gusto especial por el swing y el boogie-woogie que se ponÃa de moda.
El personaje asistÃa fascinado a la gestación de una moda que él exportarÃa e impondrÃa en breve en la capital del paÃs. El Topillo Tapas conocÃa bien la zona del Valle de San Gabriel y algunas de sus poblaciónes a princÃpios de los años 40. Principalmente en las inmediaciónes de Medina Court, Germán Valdés estudió a esos jóvenes renegados, incluso habló con ellos; se adaptó con entusiasmo a su estilo y lenguaje que conocÃa, además de saborear como propio en una ciudad construida a partir de violentas usurpaciónes de terrenos, sobre todo un visceral resentimiento racial y cultural.
En 1944, por ejemplo, la compañÃa Films de México realizó una serie de cortos musicales a color, dirigidos por AgustÃn P. Delgado, quien en breve se convertirÃa en el cineasta de cabecera de Cantinflas. Las coreografÃas y vestuario eran del 'panzón' Sergio Orta, y la música de Eliseo Grenet. Para entonces la influencia de Germán Valdés y su estilo pachuco eran evidentes en estos cortos.
En efecto, la figura del cómico en su papel de Tin Tan se convirtió en la imágen del pachuco por exelencia, a pesar de los ataques y crÃticas directas o subliminales como aquella frase que Cantinflas escribe afuera de su peluquerÃa en Si yo fuera diputado (1951): "Para pachucos no hay servisio (sic) porque me caen gordos."



